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Inteligencia Artificial entre el mito y la política: qué hacer desde el Sur Global

La conversación entre el economista Paul Krugman y el analista Martin Wolf sobre inteligencia artificial (IA) es un llamado urgente a separar el potencial real de la IA del hype - el ruido comercial-.

 

En una era donde cada avance tecnológico es vendido como una revolución, Krugman

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plantea una provocación: ¿y si la IA no fuera tan revolucionaria como creemos? ¿Y si, como muchas tecnologías anteriores, su impacto depende más del contexto político y social que de la tecnología misma?

 

Para evitar que la IA sea una fuerza desestabilizadora, Wolf y Krugman coinciden en que no puede autorregularse. Las grandes tecnológicas están orientadas por intereses comerciales. Por eso proponen una regulación pública proactiva, en al menos tres frentes:

            •           Transparencia algorítmica: exigir que los modelos de IA expliquen por qué toman decisiones, especialmente en áreas sensibles como salud, crédito, justicia y empleo.

            •           Antimonopolio: evitar la concentración de poder en pocas empresas que controlan datos, infraestructura y talento.

            •           Protección laboral y de privacidad: garantizar que los derechos de los trabajadores y ciudadanos no sean sacrificados en nombre de la eficiencia.

 

La regulación no debe frenar la innovación, pero sí encauzarla hacia el bien público. En países del Sur Global, esto significa fortalecer la capacidad estatal y técnica para evaluar tecnologías, y no simplemente importar modelos extranjeros sin adaptarlos al contexto local.

 

Krugman se muestra escéptico de que la IA actual esté a la altura del hype, pero sí reconoce áreas donde ya hay impacto concreto:

 

            •           Traducción automática y acceso al conocimiento: Herramientas como ChatGPT, Gemini, Lama, DeepSeek, Perplexity o Google translate permiten a millones acceder a información antes inaccesible por barreras lingüísticas.

            •           Agricultura de precisión: Sensores e IA predicen plagas, mejoran el riego y optimizan cosechas. Esto ya es visible en países como India, Brasil y México.

            •           Educación personalizada: Plataformas adaptativas ajustan el contenido al ritmo de aprendizaje del estudiante. Ideal para sistemas sobrecargados o con pocos docentes, como en zonas rurales de América Latina.

            •           Salud preventiva: Algoritmos que detectan patrones en imágenes médicas, o modelos que predicen brotes epidemiológicos, pueden salvar miles de vidas, si se implementan con equidad.

 

Pero estos beneficios dependen de algo fundamental: infraestructura pública digital, alfabetización digital y voluntad política para cerrar las brechas de acceso.

 

El Impacto laboral de la IA puede aumentar la productividad pero su efecto podría no será equitativo. En países como México, donde buena parte de la población trabaja en sectores informales o de baja cualificación, los riesgos son:

            •           Desplazamiento de trabajos rutinarios: desde call centers hasta procesamiento administrativo, la IA puede hacer más con menos personas.

            •           Desigualdad ampliada: los que ya tienen formación técnica y acceso digital se beneficiarán más. El resto puede quedar atrapado en empleos mal pagados o ser excluidos.

 

Pero también hay oportunidades:

            •           Especialización en entrenamiento de modelos locales: México podría convertirse en nodo para adaptar IA a contextos lingüísticos y culturales específicos (por ejemplo, IA que entienda español latinoamericano, náhuatl o mixteco).

            •           Servicios digitales de bajo costo: desde microempresas que usan IA para atención al cliente hasta artesanos que venden online con ayuda de herramientas de marketing automatizado.

            •           Educación técnica de nueva generación: los programas de formación en ciencia de datos, IA y automatización pueden abrir puertas globales a jóvenes mexicanos, si se invierte ahora.

 

El Sur Global no está condenado a ser solo consumidor de IA. Puede ser desarrollador  y regulador. Pero para eso necesita algo más que tecnología: necesita visión política.

El impacto de la inteligencia artificial no está escrito. Su trayectoria dependerá de cómo la sociedad —y especialmente los gobiernos la orienten y la gobiernen. Para países como México, eso significa diseñar estrategias propias, que no imiten ciegamente los modelos de otros países, sino que pongan la equidad, la soberanía tecnológica y la inclusión en el centro de una política pública de estado.

 

X: @alelagunes

Instagram: @alejandralagunes_

Linkedin: alejandra lagunes

 

 
 
 

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