Nuestros pensamientos, los nuevos derechos humanos.

El Día de los Derechos Humanos se conmemora cada 10 de diciembre, para recordar que en 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Es un documento histórico que proclama los derechos inalienables e irrenunciables para todas las personas. Científicos alrededor del mundo proponen incluir nuestros pensamientos como nuevos derechos humanos. Te cuento por qué.


El 2 de abril de 2013, el entonces presidente de Estados Unidos, Barack Obama anunció el lanzamiento de la Iniciativa BRAIN (Brain Research through Advancing Innovative Neurotechnologies) que es hoy uno de los proyectos científicos más importantes y de mayor alcance en el mundo. El proyecto, con duración de 15 años y un presupuesto total estimado en 6 mil millones de dólares, agrupa 500 laboratorios alrededor del mundo con la misión de mapear toda actividad del cerebro y entender el funcionamiento de este maravilloso órgano.


El éxito de BRAIN abre un mundo nuevo de posibilidades y aplicaciones que van desde desarrollar una cura para el Parkinson y el Alzheimer​ hasta la creación de prótesis que permitan conectar el cerebro directamente a Internet. El proyecto tiene el potencial de solucionar algunos de los problemas más complejos de la medicina así como también alterar el paradigma de lo que se entiende es un ser humano.


Rafael Yuste, neurocientífico español e ideólogo del proyecto BRAIN explica - "El cerebro no es como cualquier otro órgano. Es el órgano que genera tu mente: tus habilidades cognitivas, tu percepción, tu memoria, tus pensamientos, tu imaginación, tu comportamiento, tus emociones. Todo es generado por las neuronas". En ese sentido, lo que está en juego es la identidad humana. “Si puedes leer y escribir la actividad neuronal, puedes leer y escribir la mente de la gente. Y esto no es ciencia ficción. Ya lo estamos haciendo en animales de laboratorio. Va a pasar".


Los rápidos avances en neurotecnología permitirán entender el funcionamiento del cerebro, lo que a su vez abriría el camino para intervenir y manipular la actividad cerebral. Poder descifrar los pensamientos y alterarlos es un motivo de profunda preocupación.


Yuste junto con un grupo de otros 25 especialistas en el campo han propuesto una serie de reglas éticas que servirían para regular la aplicación de estas tecnologías. Les dieron el nombre de neuroderechos: derecho a la privacidad mental, derecho a identidad personal, derecho al libre albedrío, derecho al acceso equitativo, derecho a la no discriminación, o al resguardo de los sesgos de los algoritmos.


El objetivo es que estos derechos sean incorporados a la Declaración Universal de los Derechos Humanos; Chile y España son los primeros países en lanzar proyectos de ley para crear y regular los neuroderechos.


Con el fin de potencializar los beneficios y minimizar los riesgos de los avances científicos y tecnológicos, debemos asegurarnos que su objetivo final sean el bienestar y sustentabilidad de nuestro planeta. Es imperativo reflexionar sobre la vigencia y eficacia de nuestras regulaciones, diseñar e implementar leyes que protejan y garanticen los derechos humanos de todos.


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