La Selva Lacandona, una prioridad nacional



La Selva Lacandona, ubicada en el Estado de Chiapas, es uno de los sitios más biodiversos que existen en México. Una selva alta donde existen árboles de ceibas y caobas de más de 60 metros de altura, tiene una cobertura vegetal bien conservada dentro de un complejo de 7 Áreas Naturales Protegidas que comprenden un poco más de 400 mil hectáreas, es decir una superficie similar a los estados de Puebla y Tlaxcala juntos.


Esta región es hogar de especies emblemáticas en peligro de extinción, como el jaguar, la guacamaya roja, el águila arpía y la tortuga blanca.


La selva provee importantes servicios ecosistémicos para las comunidades locales y la humanidad, como la recarga de agua dulce y la captación de carbono. No existe otro lugar en México donde se encuentren cuerpos de agua tan prístinos como en la Lacandona y es importante decir que este territorio, junto con las selvas de la península de Yucatán, Guatemala y Belice, comprenden el macizo de vegetación mejor conservado de América Central.


Actualmente, solamente queda una cuarta parte de la vegetación natural que originalmente existía en la región, principalmente dentro de las Áreas Protegidas. En el resto del territorio, la gran mayoría de la selva ha desaparecido debido a las actividades humanas, producto de una mala planeación territorial que, contrario a lo esperado, no ha significado un mayor bienestar para las comunidades locales.


Lamentablemente, las áreas naturales protegidas de la Selva Lacandona, particularmente la Reserva de la Biosfera Montes Azules, se encuentran amenazadas por diversas actividades ilícitas como los incendios forestales para la expansión de las actividades agropecuarias, los asentamientos irregulares, la cacería, la tala ilegal para la extracción de maderas preciosas, entre otras que amenazan la integridad ecológica de estos territorios y el sano desarrollo de su población.


Ante la crisis climática y de pérdida de biodiversidad que sufrimos actualmente en el planeta, no podemos permitirnos perder ni una hectárea de selva más. Es obligación y responsabilidad de todos los mexicanos salvaguardar y velar por la conservación y el uso sustentable de los recursos naturales en la Lacandona.


Estamos comprometidos internacionalmente a cumplir con acuerdos como el de Escazú que tiene como objetivo garantizar la implementación plena y efectiva en América Latina y el Caribe de los derechos de acceso a la información ambiental, participación pública en los procesos de toma de decisiones ambientales y acceso a la justicia en asuntos ambientales.


Además en el marco del capítulo 24 del tratado de libre comercio (T-Mec) la protección y conservación de la flora y fauna silvestres y de sus hábitats, incluyendo a las especies en peligro de extinción; el mantenimiento de la integridad ecológica de las áreas naturales protegidas; la conservación y el uso sostenible de la diversidad biológica; la gestión forestal sostenible; el combate a la tala ilegal y el comercio asociado a la misma;


Es por ello que el día de ayer propuse ante el pleno del Senado de la República, un punto de acuerdo que exhorta a la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales, a la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, a la Secretaría del Bienestar y a la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, a fortalecer las áreas naturales protegidas de la región de la Selva Lacandona y garantizar el bienestar de su población.


Este es un momento crucial para un cambio de paradigma, en el que la conservación de la biodiversidad y el manejo sustentable de los recursos sean el motor del desarrollo y la base del bienestar social. En el escenario de la pandemia que atravesamos, es cada vez más evidente que conservar los espacios naturales debe ser una prioridad social. Es urgente definir estrategias orientadas a mantener el valor biológico, étnico y cultural de la Selva Lacandona. Solo así garantizamos el futuro de nuestro país y el de las próximas generaciones.






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