Minería a cielo abierto, ¿un mal necesario?

La minería, en general, se refiere al proceso de extracción de materiales de la tierra. Esta actividad es parte de la historia de la humanidad, de hecho, las primeras minas datan de la prehistoria. La minería es un pilar de la civilización y es indispensable para obtener desde los materiales con los que construimos nuestras casas, hasta los minerales con los que elaboramos las baterías y otras piezas de nuestras computadoras, necesarias para la vida moderna. Sin embargo, las actividades mineras pueden tener graves consecuencias para la salud y el medio ambiente.


Existen al menos 3 tipos de minería que se llevan a cabo en nuestro planeta: 1. La minería bajo tierra, como la usada popularmente para extraer carbón; 2. La minería de disolución o de placer, que es la búsqueda de metales preciosos en sedimentos como en los ríos y 3. La minería de superficie, como la que se hace para obtener arena o cantera para la construcción, esta última incluye a la conocida como minería de tajo o a cielo abierto.


Toda la minería y las actividades que se desarrollan en torno a ella, incluida la prospección, exploración, construcción e incluso el abandono de las minas, tienen un impacto social y ambiental. Sin embargo, algunos tipos de minería pueden resultar más agresivos para la flora y fauna silvestres. Tal es el caso de la minería de tajo o a cielo abierto, que ha resultado tan controversial que incluso existe un “Día Mundial contra la Minería a Cielo Abierto”, impulsado por activistas mexicanos y canadienses desde el 2009.


La minería a cielo abierto consiste en la remoción de grandes cantidades de sedimento a los que se les aplica sustancias químicas para procesarlos. Para llevar a cabo este tipo de minería se utilizan toneladas de sustancias contaminantes, agua, electricidad y otras prácticas, que afectan considerablemente las extensiones territoriales que son intervenidas. En muchos de los casos, la minería a cielo abierto implica la transformación completa del hábitat de cientos de especies y la tala y pérdida de cobertura vegetal en decenas de hectáreas. En ocasiones, montañas completas son excavadas y procesadas con agua concentrada con cianuro, altamente tóxico y potencialmente dañino para los ecosistemas y la sociedad.


En nuestro país, actualmente, cerca del 35% del territorio nacional está concesionado a empresas mineras, las cuales han traído inversiones importantes, han generado empleos y han contribuido a cerca del 2% del PIB. Lamentablemente, este tipo de explotación de los recursos minerales también ha provocado serios estragos socio ambientales, pues ha transformado ecosistemas, comunidades, familias y ha llevado a que se formen movimientos de resistencia y lucha en defensa del ambiente y el territorio, pues para sostener esta actividad, las empresas tienen derecho preferencial a utilizar el agua y la electricidad que podrían abastecer a una ciudad de 200 mil habitantes.


Hoy en día, la legislación en materia minera establece que “la exploración, explotación y beneficio de los minerales son de utilidad pública, por lo tanto serán preferentes sobre cualquier otro uso o aprovechamiento del terreno”. Ello ha dado lugar a que el interés minero se coloque por encima de los derechos humanos y ambientales. Si bien la minería es importante para extraer elementos que utilizamos de manera cotidiana, la regulación de las formas en que se lleva a cabo es igual de indispensable. Por lo tanto, se debe eliminar tal preferencia para ajustar la Ley Minera a la obligación de proteger y garantizar los derechos de las comunidades humanas y los ecosistemas naturales.


Compatibilizar el desarrollo sustentable con la creación de fuentes de empleo y el uso de los recursos naturales es algo que debemos hacer urgentemente, priorizando el respeto a las áreas protegidas y el derecho humano a un medio ambiente sano sobre cualquier actividad económica extractiva. En medida que tomemos estas decisiones y diseñemos un marco jurídico orientado hacia la sustentabilidad, construiremos un futuro más limpio y justo para las generaciones venideras.





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