Redes sociales “gratuitas” nos cuestan nuestra privacidad

Whatsapp, el servicio de mensajería instantánea de Facebook, anunció una actualización de sus términos y condiciones. El anuncio provocó que millones de usuarios tomaran la decisión de mudarse a otras aplicaciones de mensajería, como Signal y Telegram.

Las nuevas políticas de privacidad, que entrarán en vigor en febrero próximo advierten la recolección de información de los usuarios como:

  • Información del registro de la cuenta, como número de teléfono.

  • Datos de operaciones.

  • Información relacionada con el servicio.

  • Información sobre cómo el usuario interactúa con los demás, incluyendo empresas.

  • Información sobre el dispositivo móvil (carga de batería, proveedor de servicios de internet, potencia de la señal, modelo de hardware, sistema operativo, entre otros).

  • Dirección IP.

Los términos y condiciones también señalan que esta información será compartida con las empresas de Facebook y sus clientes anunciantes. Los usuarios deberán aceptar estas nuevas condiciones para poder seguir utilizando la aplicación intercambiando su privacidad por acceso al servicio.

Tenemos la falsa creencia de que el uso de algunas plataformas digitales es gratuito cuando en realidad lo pagamos con nuestros datos personales. Nuestra información es utilizada para personalizar los contenidos que vemos en línea, promover información y publicitar bienes y servicios de acuerdo a nuestra ubicación, historial de búsqueda, contactos y preferencias, entre otros.

Más allá de los fines mercadológicos, nuestros datos personales son insumos que utilizan algoritmos propiedad de las grandes empresas de tecnología con la intención de manipular nuestro comportamiento; desde nuestras decisiones de consumo hasta nuestra intención de voto en elecciones populares.

Jaron Lanier, uno de los padres de la Web 2.0, inventor de la Realidad Virtual y autor del manifiesto Diez razones para borrar tus redes sociales de inmediato nos cuestiona:

¿Cómo podemos seguir siendo autónomos en un mundo en el que nos vigilan constantemente y donde nos manipulan en uno u otro sentido algoritmos manejados por algunas de las empresas más ricas de la historia, que no tienen otra manera de ganar dinero más que consiguiendo que les paguen por modificar nuestro comportamiento?

Resulta fácil sentirnos cautivos por estos servicios, por su accesibilidad, utilidad y gran número de usuarios. Dejar de usar WhatsApp no es sencillo, pues hablamos de la aplicación de mensajería más utilizada en todo el mundo, con 2 mil millones de usuarios mensuales, según datos de Statista.


Sin embargo, existen alternativas, otros servicios similares que recaban ninguna o mínima información de sus usuarios. Signal, por su parte, no toma información personal de los usuarios, solo almacena el número telefónico y no lo vincula con la identidad del usuario. Telegram almacena información de contacto y los contactos del usuario.

Cuando entregamos nuestros datos personales a cambio de servicios en línea “gratis”, renunciamos no sólo a nuestra privacidad sino también a nuestro poder de influencia. Como usuarios tenemos la responsabilidad de estar informados sobre las plataformas digitales que utilizamos y también reconocer que nuestras elecciones influyen sobre las forma de operar de las empresas que nos proveen bienes y servicios. Elijamos responsablemente.


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