Tauromaquia, la tortura como entretenimiento

La fiesta brava o fiesta de toros, es una celebración que trata de matar al festejado. Pero, antes debe ser humillado y violentado para finalmente morir desangrado o ahogándose en su propia sangre mientras una multitud aplaude y grita de felicidad.


Es una actividad vistosa, una danza de la muerte, que ha dejado una gran cantidad de fotografías, lienzos, murales y literatura muy valoradas pero que no tiene ya cabida a medida que la humanidad evoluciona y se hace más consciente sobre su entorno y se reconcilia con los demás seres vivos y con la naturaleza.


El argumento de que la tauromaquia debe preservarse porque es parte de la cultura y las tradiciones no tiene sustento toda vez que la esclavitud también era parte de la cultura y tuvo que ser abolida. Una actividad cruel, inhumana y violenta no debe continuar porque ha sido parte de nuestras costumbres; el respeto, la consciencia y la justicia son elementos que nos permiten construir una mejor sociedad con tradiciones más nobles.


Prohibir las corridas de toros ha generado una gran discusión entre la protección de los derechos de los animales y la defensa de las tradiciones y los recursos económicos que deja su práctica. En el país ya las prohíben Sonora, Coahuila, Quintana Roo y Guerrero, mientras que han sido declaradas bien cultural y material en Tlaxcala, Hidalgo, Querétaro, Zacatecas, Michoacán y Guanajuato. La Ciudad de México se encuentra en estos momentos discutiendo su prohibición. En el contexto internacional, en 2020 la UNESCO rechazó la petición de la Asociación Internacional de Tauromaquia para incluir la tauromaquia como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, a su vez, la Organización de las Naciones Unidas instó a los gobiernos a proteger a los niños de la violencia de la tauromaquia evitando que presencien el espectáculo.


Sin embargo, hay alternativas. En España, Portugal, Estados Unidos y Francia, gobiernos locales han implementado opciones alternas de espectáculo donde el toro no sufre ni es lastimado. Entre las diversas medidas se han impuesto sanciones económicas si el toro sufre daños físicos y/o psíquicos, limita los utensilios que el torero puede ingresar al ruedo además del capote, las banderillas no se clavan en el cuerpo del toro; se pegan con velcro, se limita el tiempo que el toro puede estar en el ruedo así como el número de ejemplares por evento, adicionalmente se decidió que el espectáculo sea únicamente para público mayor de 18 años. Es posible continuar las corridas sin violencia, un evento sin necesidad de sufrimiento y crueldad, que no termine en la muerte del toro.


Muchos opinan que es preferible que el toro muera en el ruedo y no en el rastro, pero no deberían morir ni en el ruedo ni en el rastro. Como seres humanos estamos en constante cambio y llegará el día en que los rastros serán cosa del pasado. Tenemos que cambiar la sociedad especista que hemos sido, hemos esclavizado y utilizado a los animales para vestirnos, calzarnos, alimentarnos y entretenernos. Regular la fiesta brava y con ello eliminar la violencia y crueldad hacia los toros debe ser el punto de partida para evitar la violencia y crueldad hacia otras especies de animales.


La tortura como entretenimiento ha sido parte de la sociedad por muchas generaciones, es momento de cambiar la realidad de las generaciones futuras y heredarles una sociedad donde la tradición sea el respeto por la vida de todos los seres vivos.




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